De Francia a León y de regreso: mi historia
Mi porte de 11 años se paraba tenso y sin emoción alguna. Tome un respiro profundo, saque una de mis manos toda sudada para sostener el micrófono y empecé a hablar. El sonido de mi voz empezó a hacer eco en los pasillos de mi escuela.
Era el año de Exxon Valdez oil spill (derramamiento de aceite). Impactada por las fotos de los animales cubiertas con un negro, viscoso aceite y las fotos de largas millas de devastación de la línea costera, había decidido hacer algo. Ciertamente, razoné, que una petición al presidente de los EE.UU. tendría un efecto.
Unas cuantas firmas y unos meses después, recibí un gran sabre de Manila de la casa blanca. No podía contenerme. Cualquier cosa podría estar adentro: una invitación a una conferencia de prensa o hablar en las noticias de la tarde. Tal vez hasta una carta anunciando la visita de el mismo presidente! Cuidadosamente abrí el sobre, metí la mano y suavemente saque una foto 8x10 de George H.W. Bus. Estaba devastada. Realidad. Sin embargo, este momento de mi primera inmersión en activismo proporciono un fuego dentro de mi para ser un agente de cambio.
Mi conocimiento personal de marginalización de poblaciones vulnerables se había despertado mientras yo era testigo de, en una mano, la lucha de una familia Hmong refugiada que nuestra familia albergó. Mi primer trabajo después de la universidad fue en un pre-escolar en el centro de aprendizaje Better Beginnigs en South Bronx. Armada con una licenciatura en lenguas romanas y cierta experiencia dando clases de piano y natación, me encontré enfrente de una sección de 15 ojos grandes de 3 años. Una anfitriona de padres y unas cuantas profesoras asistentes. Todas ellas con una significativa mayor experiencia en dar clases que yo.
Los cursos en la comunidad de la universidad Bronx habían ayudado sin medida alguna mientras descifraba el misterio de temprana alfabetización y la importancia de jugar. Pero nada me podía preparar para los retos con los que me encontré en las familias de los Bronx. Los padres de mis estudiantes enfrentaban problemas consecuentes del desempleo, falta de casa y abuso de drogas. Muchos estaban enfrentando grandes retos en cada vuelta. Me asusto la falta de intra e interagency comunicación y colaboración que a menudo frustra el cambio positivo a las familias con luchas. Inicié una relación con un programa head start en el Bronx, esperando recibir un intercambio de ideas. Autoridad en temprana educación infantil vino a observar mi método de educación y ofreció su crítica. Esta relación resulto muy beneficiosa, y al final nuestro Director la invito a consultar en el proceso de acreditación de cuido diario.
Fue allí cuando la idea de trabajar para intercambio social en un nivel sistemático brilló. Decidí perseguir mis sueños de regresar a Francia, para estudiar. En Paris durante 2001, especialmente siguiendo el ataque terrorista del 11 de septiembre, estaba expuesta no solo a una completamente nueva pedagogía, también estaba expuesta a ideas que retan y amplían mi punto de vista del mundo relativamente no examinado. A lo largo de las conversaciones, observaciones y participaciones en eventos políticos, culturales y educativos en Francia, mi convicción de trabajar para justicia social continúa creciendo.
En el 2002 en los EE.UU, empecé cursos en estudios de política internacional y fui voluntaria en una residencia de madres jóvenes y sus hijos sin hogar. A pesar del apoyo que estas mujeres jóvenes estaban recibiendo y su inspiradora tenacidad de seguir luchando en contra de sus adversarios. Los retos que enfrentaban seguían multiplicándose. Me preguntaba yo, ¿Como es que madres solteras en países subdesarrollados, con poco o ningún apoyo, encuentran la manera de resolver las necesidades de sus familias?
Buscando un artículo en el New York Times sobre iniciativas en pequeños préstamos para madres solteras en México fue un momento en el que me di cuenta que promoviendo estrategias para reducir la pobreza como micro-créditos, educación y empoderamiento de la mujeres se convertiría en mi trabajo de por vida. Mi programa master en desarrollo internacional ha juntado mi deseo de aprender acerca de las familias y la política del bienestar de los niños y desarrollo económico. Mi amor por el español y el francés me ha ayudado a expandir mis horizontes, permitiéndome explorar innovadores acercamientos a injusticia social e inigualdad. E empezado a ser la agente de cambio que había visionado ser hace tanto tiempo. Al regresar a Francia para seguir estudiando, les agradezco a todos por estos 5 refrescantes e iluminantes meses con PMGL en León.
El tiempo que he pasado con PMGL desde septiembre, 2004, ha sido extremadamente una enriquecedora experiencia para mi, ambas profesional y personalmente. PMGL me ha dejado sintiéndome energética y determinada a seguir haciendo algo por justicia social.
Traducido por: Amanda Tablada



