Unas muchachas encuentran su voz, se construye una cancha comunitaria

Jueves, 3 Marzo 2005

En una tarde el sol caía del cielo azul lleno de nubes al tostado y polvoso patio frontero enfrente de la casa de doña Marta.  Al entrar a la cocina abierta donde 2 veces a la semana 8-9 mujeres jóvenes de la comunidad se reunían para aprender a costurar.  El ruido de las maquinas de costura, puntualizaban con voces vivas y grandes risas que flotaban por el aire.  “¡Buenas!  ¿Como han estado?” les dije a las muchachas al mirar arriba de sus maquinas de coser y sus cortes.  Sonrisas tímidas, ojos caídos y saludos callados me recibieron mientras me paraba en la ventilada cocina de piso de tierra.

Mientras la timidez mantuvo a muchas de las muchachas sin hablar mucho durante mis pocas primeras visitas, durante el curso de los pasados 4 meses y medio, estos barreras parecen haber desaparecido. A mediado de octubre, estábamos bromeando fácilmente una con la otra y estábamos trabajando en la organización de un tema que se había tocado durante nuestras charlas.  Mi fuerte creencia en la importancia de apoyar el poder de las mujeres y muchachas dio origen al deseo de facilitar estas charlas, y mi esperanza era que a través de aportar un tiempo especifico cada semana dedicado únicamente a hablar acerca de temas que las jóvenes del grupo habían identificado como importantes, que esto respaldaría la idea que sus pensamientos, sugerencias, preocupaciones, luchas y esperanzas son importantes y necesitan ser estudiadas. Sin tener una agenda más especifica que esta en mente, acerque el tiempo que pasaba con ellas en una manera libre y fluida,  Permitiendo que la conversación siguiera sus propias vueltas y envolturas. 

Nuestras primeras charlas incluían atender el interés que las mujeres jóvenes tenían por ellas mismas y sus comunidades, lo cual incluía la necesidad de una escuela de secundaria, un centro de salud y un campo para jugar.  Durante estas discusiones, algunas de ellas entraban a la discusión con respuestas honestas y francas.  Una de las mujeres hizo la observación  que muchas muchachas en el Chague sienten como que si su única opción es casarse después de terminar el 6° grado (primaria).  “Pero,” ella continuó, “hay mas en la vida que eso, como educarse, aprender habilidades tales como costura y simplemente divertirse.  No seria bonito,” siguió diciendo, “si se pudiera formar dos grupos de mujeres con capacidad para jugar deportes una ves a la semana o mas?” Doña Lucia, la instructora de costura aportó y mencionó que de hecho había un espacio para jugar al lado de la escuela de primaria.  Pero que necesitaba ser despajado antes.  Su observación puso los tornillos de mi cabeza a trabajar.  ¿Podrían las chicas conseguir con sus propios esfuerzos un campo de juego para su propia comunidad?   ¿Podrían ellas incrementar las oportunidades disponibles para muchachas a través de la promoción de deportes para mujeres, como Maritza había sugerido?

            Durante dos meses y medio, las muchachas se organizaron con solamente una mínima guía de mi parte, acerca de la preparación de la tierra a la lado de la escuela de secundaria para ser usada como un campo de juego.  Empezaron por invitar a don Mario, el líder de la comunidad, a una de sus sesiones de costura, para presentarle sus ideas a él.  Esta reunión inicial dio lugar a una segunda reunión, en la cuál toda la junta directiva de la comunidad estuvo presente. Y en la cuál dos de las mujeres, que, a pesar de sus nervios, presentaron su propuesta con claridad y determinación. Presentar sus ideas al resto de la juventud era su próximo paso. Con un poco de impulso de Doña Lucia y del resto del grupo Norma, Marta e Irsa dieron paso adelante para ser las que iban a hablar en el próximo entrenamiento para los jóvenes.  Estas mujeres apartaron sus temores y sus ansías y se pararon frente de la sala.  La 

desenvoltura con el que ellas  presentaron sus ideas aumentó mientras ellas hablaron y lo divulgaron a las otras muchachas del grupo de costura, una de las cuales espontáneamente se levanto para decir que deberían haber días específicos en los cuales las mujeres tendrían la prioridad de ocupar el campo. 

El apoyo de la juventud para construir un campo para jugar fue unánime y una semana después un grupo de 12 se reunieron para comenzar a despejar el terreno.  Teniendo el privilegio de presenciar la tenacidad y motivación de primera mano de estas mujeres jóvenes ha sido inspirante.  Aunque éxito en cualquier proyecto nunca es una conclusión asegurada, el paso positivo que estas mujeres han dado al presentar sus ideas a otros, tomando papeles de liderazgo, organizando algo que es importante para ellas, y sobre todo abogar por ellas mismas.  Son ellas mismas de dignas del triunfo de ser estudiadas y celebradas.

Traducido Por: Amanda Tablada

 

 
Authored by Gabriel Brunnich